Sin la presunción del pensador y con el aire leve (que no superficial) de esas pláticas que uno desea no
lleguen a su fin, la voz de este libro apuesta por la solidaridad, por la libertad y por la palabra que se erige
en su búsqueda: desde su atalaya y bajo el cobijo del sosiego, la irreverencia y la lucidez, Jordi Boldó
permite explorar estos hallazgos con el mismo gozo y arrobamiento que se experimenta con su pintura.
Esas dos pasiones tienen su origen en la capacidad de captar los «encuentros fortuitos con la
inesperado». De lo uno a lo otro a lo de más allá: que todo llega muy acá, al corazón.
Francisco Magaña